Una ruta para quitarse el mono entre semana

Venancio Mateo 05-12-2014 - Bike - Rutas

  • En una hora más o menos, a un ritmo normal, se pueden cubrir 20 kilómetros con asfalto y barro, con llanos y también con cuestas

La ruta que os voy a contar seguro que más de uno la conoce y la hace habitualmente. Es fácil, no muy larga y te permite quitarte el mono a mitad de semana. Es decir, cuando no tienes mucho tiempo para salir con la bici, pero te apetece por soltar piernas y por entrenar.

Acostumbro a salir desde el centro de salud de General Polavieja y lo hago con un objetivo: llanear todo lo posible, pero metiendo alguna cuesta que otra para que el cuerpo se vaya adaptando a “sufrir” en momentos determinados. Y eso es precisamente lo primero que hago. Cojo mi bici de montaña y enfilo la calle que va entre el viejo hospital militar y los cuarteles, que responde al nombre de Ramal de Docker. No es una cuesta que te exija en exceso, pero nada más salir, cuando aún no has abierto los pulmones, se te puede hacer larga porque la sigo por calle Escultor Mustafa Arruf, residencia de mayores hacia arriba, hasta que llego al Camino de Carros.

Es algo más de un kilómetro, pero tienes tiempo suficiente para darte cuenta de que no estás de paseo. Aunque en la primera cima llega lo bueno, porque es el momento de tirarse por la pista paralela al aeropuerto en dirección a la Ciudad del Fútbol. Tenemos entonces algo más de 1,5 kilómetros casi en bajada, de tierra, con bastantes baches y se puede pillar velocidad para disfrutar y recobrar aire. Eso sí, cuidado al cruzar la carretera que lleva a Barrio Chino.

Acostumbro a llegar hasta la nueva carretera que une el Polígono con la carretera de circunvalación. Es ahí donde pillo de nuevo el asfalto y pongo rumbo a Beni Enzar. Es un tramo bueno para rodar y recobrar sensaciones en terreno firme. Incluso, si el viento te empuja, se cogen buenas velocidades.

Al llegar a la frontera, hago la rotonda y cojo la Avenida de Europa para llegar hasta La Hípica y desde ahí al Dique Sur. Es otro tramo bueno para rodar a una velocidad constante y elevada, aunque a la altura del mar se suele notar el viento y no siempre es fácil mantener el ritmo.

En el Dique Sur damos la vuelta y hago el Paseo Marítimo entero. El problema son los coches, de manera que la velocidad baja y estás más pendiente de lo que te rodea que de tu cadencia de pedaleo. Me tomo un descanso entrando en el Puerto Deportivo, recorriéndolo de un lado a otro. Primero por el dique de la derecha y de vuelta hasta la gasolinera donde repostan los barcos. Cuando sales del puerto ya has cubierto diez kilómetros y no te has dado ni cuenta.

Aquí llega, entre comillas, lo más duro para mí, pero las piernas ya se han adaptado. Voy hasta el final del puerto comercial y giro para subir a Melilla la Vieja. Es “mi segundo puerto de montaña”. La primera cuesta parece que se hace larga y casi te invita a echar el resto, pero hay que guardar fuerzas. La segunda, al girar la curva y hasta el túnel, se lleva muy bien. Luego viene lo duro, subir hasta el Faro. Ahí tengo que confesar que tiro de plato pequeño e incluso me levanto para respirar mejor. Cuando coronas te falta algo de aire, pero merece la pena por las vistas y el esfuerzo.

Entonces rodeo toda el Pueblo y bajo por la Plaza de Pedro de Estopiñán en dirección a la Plaza de España. Son minutos de recuperación.

Es el momento de coger la tercera cuesta de consideración, la de la Alcazaba. No es que sea muy dura, pero se te puede hacer larga, así que lo mejor es regular. En el plato mediano vas bien, pero no te quemes. Al menos así lo veo yo. Al llegar a la curva has coronado, coge aire, porque el tramo hasta la rotonda no es muy duro, lo malo ya ha pasado.

Entonces toca disfrutar del viento en tu cara porque ha llegado el momento de bajar al Paseo de Horcas Coloradas. Sin apenas hacer nada te puedes poner a 40 kilómetros por hora. Luego llega la recta, relájate, rueda y vete hasta el final. El camino de vuelta, evidentemente, es el mismo pero tienes que rematarlo con la subida hasta la carretera de la Alcazaba. Mi consejo, a mí me funciona, es ir regulando fuerzas, mirando sólo tu rueda y jugando bien con el cambio. Cuando te quieras dar cuenta, ya estarás en la rotonda.

Ahí acaba lo duro para mi salida de entrenamiento. Bajo relajado, respirando, hacia la Plaza de las Culturas. De ahí al Club Marítimo y luego retorno al punto de origen por el Paseo Marítimo. En una hora, poco más, he cubierto unos veinte kilómetros, me he quitado el ‘mono’ y tengo el resto de la tarde para hacer más cosas.

VMH

Cuesta del Hospital Militar

VMH

Entrada Pista de Carros

VMH

Salida Pista de Carros

VMH

Dique Sur

VMH

Cuesta de la Muralla

VMH

Cuesta de La Alcazaba

VMH

Horcas Coloradas

VMH

Final de ruta

Una ruta para quitarse el mono entre semana

  • En una hora más o menos, a un ritmo normal, se pueden cubrir 20 kilómetros con asfalto y barro, con llanos y también con cuestas

La ruta que os voy a contar seguro que más de uno la conoce y la hace habitualmente. Es fácil, no muy larga y te permite quitarte el mono a mitad de semana. Es decir, cuando no tienes mucho tiempo para salir con la bici, pero te apetece por soltar piernas y por entrenar.

Acostumbro a salir desde el centro de salud de General Polavieja y lo hago con un objetivo: llanear todo lo posible, pero metiendo alguna cuesta que otra para que el cuerpo se vaya adaptando a “sufrir” en momentos determinados. Y eso es precisamente lo primero que hago. Cojo mi bici de montaña y enfilo la calle que va entre el viejo hospital militar y los cuarteles, que responde al nombre de Ramal de Docker. No es una cuesta que te exija en exceso, pero nada más salir, cuando aún no has abierto los pulmones, se te puede hacer larga porque la sigo por calle Escultor Mustafa Arruf, residencia de mayores hacia arriba, hasta que llego al Camino de Carros.

Es algo más de un kilómetro, pero tienes tiempo suficiente para darte cuenta de que no estás de paseo. Aunque en la primera cima llega lo bueno, porque es el momento de tirarse por la pista paralela al aeropuerto en dirección a la Ciudad del Fútbol. Tenemos entonces algo más de 1,5 kilómetros casi en bajada, de tierra, con bastantes baches y se puede pillar velocidad para disfrutar y recobrar aire. Eso sí, cuidado al cruzar la carretera que lleva a Barrio Chino.

Acostumbro a llegar hasta la nueva carretera que une el Polígono con la carretera de circunvalación. Es ahí donde pillo de nuevo el asfalto y pongo rumbo a Beni Enzar. Es un tramo bueno para rodar y recobrar sensaciones en terreno firme. Incluso, si el viento te empuja, se cogen buenas velocidades.

Al llegar a la frontera, hago la rotonda y cojo la Avenida de Europa para llegar hasta La Hípica y desde ahí al Dique Sur. Es otro tramo bueno para rodar a una velocidad constante y elevada, aunque a la altura del mar se suele notar el viento y no siempre es fácil mantener el ritmo.

En el Dique Sur damos la vuelta y hago el Paseo Marítimo entero. El problema son los coches, de manera que la velocidad baja y estás más pendiente de lo que te rodea que de tu cadencia de pedaleo. Me tomo un descanso entrando en el Puerto Deportivo, recorriéndolo de un lado a otro. Primero por el dique de la derecha y de vuelta hasta la gasolinera donde repostan los barcos. Cuando sales del puerto ya has cubierto diez kilómetros y no te has dado ni cuenta.

Aquí llega, entre comillas, lo más duro para mí, pero las piernas ya se han adaptado. Voy hasta el final del puerto comercial y giro para subir a Melilla la Vieja. Es “mi segundo puerto de montaña”. La primera cuesta parece que se hace larga y casi te invita a echar el resto, pero hay que guardar fuerzas. La segunda, al girar la curva y hasta el túnel, se lleva muy bien. Luego viene lo duro, subir hasta el Faro. Ahí tengo que confesar que tiro de plato pequeño e incluso me levanto para respirar mejor. Cuando coronas te falta algo de aire, pero merece la pena por las vistas y el esfuerzo.

Entonces rodeo toda el Pueblo y bajo por la Plaza de Pedro de Estopiñán en dirección a la Plaza de España. Son minutos de recuperación.

Es el momento de coger la tercera cuesta de consideración, la de la Alcazaba. No es que sea muy dura, pero se te puede hacer larga, así que lo mejor es regular. En el plato mediano vas bien, pero no te quemes. Al menos así lo veo yo. Al llegar a la curva has coronado, coge aire, porque el tramo hasta la rotonda no es muy duro, lo malo ya ha pasado.

Entonces toca disfrutar del viento en tu cara porque ha llegado el momento de bajar al Paseo de Horcas Coloradas. Sin apenas hacer nada te puedes poner a 40 kilómetros por hora. Luego llega la recta, relájate, rueda y vete hasta el final. El camino de vuelta, evidentemente, es el mismo pero tienes que rematarlo con la subida hasta la carretera de la Alcazaba. Mi consejo, a mí me funciona, es ir regulando fuerzas, mirando sólo tu rueda y jugando bien con el cambio. Cuando te quieras dar cuenta, ya estarás en la rotonda.

Ahí acaba lo duro para mi salida de entrenamiento. Bajo relajado, respirando, hacia la Plaza de las Culturas. De ahí al Club Marítimo y luego retorno al punto de origen por el Paseo Marítimo. En una hora, poco más, he cubierto unos veinte kilómetros, me he quitado el ‘mono’ y tengo el resto de la tarde para hacer más cosas.

VMH

Cuesta del Hospital Militar

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Entrada Pista de Carros

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Salida Pista de Carros

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Dique Sur

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Cuesta de la Muralla

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Cuesta de La Alcazaba

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Horcas Coloradas

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Final de ruta