El Club Balonmano Melilla jugó en Yugoslavia

Antonio G. Jáuregui 15-07-2014 - Historia

  • El conjunto entrenado por José Andrés Moya disputó dos encuentros amistosos en 1987 ante el Kolubara, perdiendo el primero por 26 a 22 y ganando el segundo por 29 a 25

Antonio G. Jáuregui

Este artículo va dedicado e intenta rendir un pequeño homenaje a don Antonio Potous, persona que en el deporte melillense lo ha sido casi todo en fútbol, balonmano, baloncesto, baloncesto en silla de ruedas,... Él fue el responsable de que el Club Balonmano Melilla viajase en el mes de diciembre de 1987 a la desaparecida Yugoslavia.

Haciendo un poco de historia, recordemos que el Club Balonmano Melilla en 1984, cuando competía en el Campeonato Nacional de Liga en Primera División “A”, reforzó su plantilla con dos jugadores yugoslavos, el portero Vladimir Karjuk y el lateral Mehmed Basic. En el año 1987 continuó la tradición de reforzar el equipo con profesionales foráneos y arribaron a Melilla el central Zoran Giovanovic y el lateral Slavojub Lakasin; fue éste último, excelente jugador y mejor persona, quien dio la idea al presidente Potous de estudiar la posibilidad de que nuestro equipo de balonmano visitara y jugara algún partido amistoso en su país. Antonio Potous valoró la idea y la puso en práctica. Más que por el hecho deportivo que supuso sin duda una buena experiencia, lo hizo para premiar a una plantilla compuesta en su mayoría por jugadores y cuerpo técnico melillense, que a diferencia de los extranjeros, no percibía ninguna compensación económica, ofreciendo a cambio un rendimiento plenamente profesional.

Así fue que el día 15 de diciembre de 1987 el Club Balonmano Melilla jugaba su primer partido en tierras yugoslavas frente al Kolubara, concretamente en Lazarevac, ciudad distante unos 30 kilómetros de la capital Belgrado y localidad natal de nuestro jugador Lakasin. Este partido finalizó con derrota melillense por 26 a 22. Hay que hacer constar que no se pudo contar con la participación del portero Antonio Mateo y su puesto fue ocupado por Vladimir Karjuk que vino a visitarnos y, aunque ya retirado de la práctica activa, realizó un excelente partido, no en vano fue internacional por su país. Tampoco jugó Zoran Giovanovic pues, al venir a Melilla contraviniendo la normativa yugoslava que impedía emigrar a los jugadores menores de treinta años, no quiso arriesgarse a que las autoridades deportivas de su país tuvieran conocimiento del hecho.

Las autoridades federativas quisieron concertar un partido con otro equipo distinto. La invitación fue rechazada por varias razones, siendo las fundamentales que la pequeña gira la habíamos tomado como unas vacaciones y además por razones profesionales jugadores como Javi “Pirata” o José Antonio Jiménez no habían podido viajar con la expedición, sumado a lo referido de Giovanovic. Eran bajas muy sensibles por lo que se acordó repetir el mismo partido a modo de revancha. Cuatro días más tarde, el día 19 de diciembre, se disputaba el segundo partido, esta vez contando con el concurso del portero titular Antonio Mateo, y se consiguió vencer al Kolubara por 29 a 25.

La alineación melillense en ambos partidos la formaron: Vlado Karjuk, Antonio Mateo, Juan Pérez, Pablo Torres, Manolo Alcalá, Saturnino Martínez, Jesús Molina, Slavojub Lakasin, Francisco Mena “Cuqui”, Habib Mohand, Pepe Gª. Criado y Antonio Flores, como entrenador José Andrés Moya, encargado de material el recientemente fallecido Luis Sáez, nuestro querido “Chatarra”, también nos acompañó el presidente de la Federación Melillense, el también malogrado Alfonso Haro y como segundo entrenador y delegado de la expedición, el que suscribe, Antonio G. Jáuregui.

El lateral Slavojub Lakasin fue quien propuso la idea de la gira por Yugoslavia, que fue aceptada por el presidente Antonio Potous

La estancia de una semana en tierras yugoslavas resultó como podrán imaginar pródiga en anécdotas, a modo de inventario les relatamos algunas.

La expedición melillense, por aquello de abaratar costos, se alojó en los diferentes domicilios de los jugadores yugoslavos, entre la población reseñada de Lazarevac y la cercana Arangelovac patria chica de Giovanovic. Dos preciosas localidades, la primera importante por su industria carbonífera y la segunda, por ser una localidad con aguas termales (algo así como nuestro Lanjarón).

Las instalaciones deportivas eran de primera magnitud. Se notaba que el régimen comunista del desaparecido Mariscal Tito cuidaba este apartado. No es de extrañar por tanto que la extinta Yugoslavia destacara en deportes como el fútbol, baloncesto y balonmano.

Descubrimos a unas nobles gentes que nos dispensaron una acogida extraordinaria. Se notaban carencias de orden económico, como la escasez de leche y otros productos de primera necesidad, no significa que pasaran hambre, pero la alimentación estaba muy basada en el cerdo, que lo cocinaban de distintas maneras y cuyo plato estrella era el “epigram”, que consistía en una inacabable bandeja con todos los productos del cerdo (ya se sabe, del cerdo hasta los andares).

La bebida estrella era una especie de orujo llamado “rakia”, que curiosamente se tomaba antes de las comidas, pasando después de éstas a beber algo más ligero como la cerveza o el “esprite” que era vino blanco mezclado con agua con gas.

A las cuatro de la tarde era noche cerrada, por lo que podrán imaginar que la expedición dispuso de mucho tiempo para el aburrimiento y, por consiguiente, probar los caldos descritos, siempre bien acompañados por los del lugar.

Estando en el aeropuerto de Barajas esperando el vuelo que nos llevaría a Belgrado, apareció por allí un paisano y amigo de nuestro jugador Giovanovic, que venía desde las Canarias y embarcaba en nuestro vuelo. Se hizo el consabido comentario sobre las casualidades y lo pequeño que es el mundo. Nada más lejos de la realidad, “el serbio-canario”, informado por nuestro jugador de nuestras intenciones, se adhirió a nuestra delegación, pues venía de Canarias cargado de aparatos, televisor,... y al pasar la aduana de Belgrado se hizo pasar por uno de los nuestros para evitar ser registrado y tener que abonar los aranceles correspondientes. A los extranjeros no se les registraba, y el tío aprovechó.

La moneda nacional, el “dinara”, estaba muy devaluada por lo que eran muy bien recibidas las divisas extranjeras, sobre todo el dólar americano, hasta el punto que no era necesario acudir a las oficinas de cambio de moneda, siempre había alguien dispuesto a cambiarte pagando un diez por ciento por encima del oficial. En definitiva, se podía notar una serie de carencias en un país comunista decadente, pero que el ciudadano de a pie combatía con una economía sumergida paralela que les permitía disponer de una notable calidad de vida.

Para finalizar, contarles que esta gira sirvió para descubrir a otro excelente balonmanista que vino a jugar a nuestra tierra la temporada siguiente,  Zoran Markovic. Permaneció con nosotros un año, fichando después con el Club Balonmano Lérida, afincándose en España en la que permanece, así como su paisano Lakasin, que acabó su trayectoria deportiva en Almería, ciudad que le acogió y en la que continúa viviendo junto a su familia.

PD. A vueltas de Belgrado, camino de Madrid, tuvimos el placer de compartir vuelo con el mítico equipo de baloncesto Cibona de Zagreb, del también mítico y malogrado Drazen Petrovic. La única diferencia entre ambos equipos, al margen de la especialidad deportiva, fue que la expedición melillense llegada al aeropuerto de Barajas asaltó los diferentes bares y cafeterías acabando con la cosecha de tortilla de patatas… algo se echaba de menos, la comida española.

Este artículo ha sido escrito con la inestimable colaboración y frágil memoria de José Andrés Moya Navarrete, Pablo Torres Amat y José García Criado.

Antonio G. Jáuregui

El Club Balonmano Melilla jugó en Yugoslavia

  • El conjunto entrenado por José Andrés Moya disputó dos encuentros amistosos en 1987 ante el Kolubara, perdiendo el primero por 26 a 22 y ganando el segundo por 29 a 25

Este artículo va dedicado e intenta rendir un pequeño homenaje a don Antonio Potous, persona que en el deporte melillense lo ha sido casi todo en fútbol, balonmano, baloncesto, baloncesto en silla de ruedas,... Él fue el responsable de que el Club Balonmano Melilla viajase en el mes de diciembre de 1987 a la desaparecida Yugoslavia.

Haciendo un poco de historia, recordemos que el Club Balonmano Melilla en 1984, cuando competía en el Campeonato Nacional de Liga en Primera División “A”, reforzó su plantilla con dos jugadores yugoslavos, el portero Vladimir Karjuk y el lateral Mehmed Basic. En el año 1987 continuó la tradición de reforzar el equipo con profesionales foráneos y arribaron a Melilla el central Zoran Giovanovic y el lateral Slavojub Lakasin; fue éste último, excelente jugador y mejor persona, quien dio la idea al presidente Potous de estudiar la posibilidad de que nuestro equipo de balonmano visitara y jugara algún partido amistoso en su país. Antonio Potous valoró la idea y la puso en práctica. Más que por el hecho deportivo que supuso sin duda una buena experiencia, lo hizo para premiar a una plantilla compuesta en su mayoría por jugadores y cuerpo técnico melillense, que a diferencia de los extranjeros, no percibía ninguna compensación económica, ofreciendo a cambio un rendimiento plenamente profesional.

Así fue que el día 15 de diciembre de 1987 el Club Balonmano Melilla jugaba su primer partido en tierras yugoslavas frente al Kolubara, concretamente en Lazarevac, ciudad distante unos 30 kilómetros de la capital Belgrado y localidad natal de nuestro jugador Lakasin. Este partido finalizó con derrota melillense por 26 a 22. Hay que hacer constar que no se pudo contar con la participación del portero Antonio Mateo y su puesto fue ocupado por Vladimir Karjuk que vino a visitarnos y, aunque ya retirado de la práctica activa, realizó un excelente partido, no en vano fue internacional por su país. Tampoco jugó Zoran Giovanovic pues, al venir a Melilla contraviniendo la normativa yugoslava que impedía emigrar a los jugadores menores de treinta años, no quiso arriesgarse a que las autoridades deportivas de su país tuvieran conocimiento del hecho.

Las autoridades federativas quisieron concertar un partido con otro equipo distinto. La invitación fue rechazada por varias razones, siendo las fundamentales que la pequeña gira la habíamos tomado como unas vacaciones y además por razones profesionales jugadores como Javi “Pirata” o José Antonio Jiménez no habían podido viajar con la expedición, sumado a lo referido de Giovanovic. Eran bajas muy sensibles por lo que se acordó repetir el mismo partido a modo de revancha. Cuatro días más tarde, el día 19 de diciembre, se disputaba el segundo partido, esta vez contando con el concurso del portero titular Antonio Mateo, y se consiguió vencer al Kolubara por 29 a 25.

La alineación melillense en ambos partidos la formaron: Vlado Karjuk, Antonio Mateo, Juan Pérez, Pablo Torres, Manolo Alcalá, Saturnino Martínez, Jesús Molina, Slavojub Lakasin, Francisco Mena “Cuqui”, Habib Mohand, Pepe Gª. Criado y Antonio Flores, como entrenador José Andrés Moya, encargado de material el recientemente fallecido Luis Sáez, nuestro querido “Chatarra”, también nos acompañó el presidente de la Federación Melillense, el también malogrado Alfonso Haro y como segundo entrenador y delegado de la expedición, el que suscribe, Antonio G. Jáuregui.

El lateral Slavojub Lakasin fue quien propuso la idea de la gira por Yugoslavia, que fue aceptada por el presidente Antonio Potous

La estancia de una semana en tierras yugoslavas resultó como podrán imaginar pródiga en anécdotas, a modo de inventario les relatamos algunas.

La expedición melillense, por aquello de abaratar costos, se alojó en los diferentes domicilios de los jugadores yugoslavos, entre la población reseñada de Lazarevac y la cercana Arangelovac patria chica de Giovanovic. Dos preciosas localidades, la primera importante por su industria carbonífera y la segunda, por ser una localidad con aguas termales (algo así como nuestro Lanjarón).

Las instalaciones deportivas eran de primera magnitud. Se notaba que el régimen comunista del desaparecido Mariscal Tito cuidaba este apartado. No es de extrañar por tanto que la extinta Yugoslavia destacara en deportes como el fútbol, baloncesto y balonmano.

Descubrimos a unas nobles gentes que nos dispensaron una acogida extraordinaria. Se notaban carencias de orden económico, como la escasez de leche y otros productos de primera necesidad, no significa que pasaran hambre, pero la alimentación estaba muy basada en el cerdo, que lo cocinaban de distintas maneras y cuyo plato estrella era el “epigram”, que consistía en una inacabable bandeja con todos los productos del cerdo (ya se sabe, del cerdo hasta los andares).

La bebida estrella era una especie de orujo llamado “rakia”, que curiosamente se tomaba antes de las comidas, pasando después de éstas a beber algo más ligero como la cerveza o el “esprite” que era vino blanco mezclado con agua con gas.

A las cuatro de la tarde era noche cerrada, por lo que podrán imaginar que la expedición dispuso de mucho tiempo para el aburrimiento y, por consiguiente, probar los caldos descritos, siempre bien acompañados por los del lugar.

Estando en el aeropuerto de Barajas esperando el vuelo que nos llevaría a Belgrado, apareció por allí un paisano y amigo de nuestro jugador Giovanovic, que venía desde las Canarias y embarcaba en nuestro vuelo. Se hizo el consabido comentario sobre las casualidades y lo pequeño que es el mundo. Nada más lejos de la realidad, “el serbio-canario”, informado por nuestro jugador de nuestras intenciones, se adhirió a nuestra delegación, pues venía de Canarias cargado de aparatos, televisor,... y al pasar la aduana de Belgrado se hizo pasar por uno de los nuestros para evitar ser registrado y tener que abonar los aranceles correspondientes. A los extranjeros no se les registraba, y el tío aprovechó.

La moneda nacional, el “dinara”, estaba muy devaluada por lo que eran muy bien recibidas las divisas extranjeras, sobre todo el dólar americano, hasta el punto que no era necesario acudir a las oficinas de cambio de moneda, siempre había alguien dispuesto a cambiarte pagando un diez por ciento por encima del oficial. En definitiva, se podía notar una serie de carencias en un país comunista decadente, pero que el ciudadano de a pie combatía con una economía sumergida paralela que les permitía disponer de una notable calidad de vida.

Para finalizar, contarles que esta gira sirvió para descubrir a otro excelente balonmanista que vino a jugar a nuestra tierra la temporada siguiente,  Zoran Markovic. Permaneció con nosotros un año, fichando después con el Club Balonmano Lérida, afincándose en España en la que permanece, así como su paisano Lakasin, que acabó su trayectoria deportiva en Almería, ciudad que le acogió y en la que continúa viviendo junto a su familia.

PD. A vueltas de Belgrado, camino de Madrid, tuvimos el placer de compartir vuelo con el mítico equipo de baloncesto Cibona de Zagreb, del también mítico y malogrado Drazen Petrovic. La única diferencia entre ambos equipos, al margen de la especialidad deportiva, fue que la expedición melillense llegada al aeropuerto de Barajas asaltó los diferentes bares y cafeterías acabando con la cosecha de tortilla de patatas… algo se echaba de menos, la comida española.

Este artículo ha sido escrito con la inestimable colaboración y frágil memoria de José Andrés Moya Navarrete, Pablo Torres Amat y José García Criado.