El segundo ascenso del Melilla a Segunda División

Antonio G. Jáuregui 29-05-2014 - Historia

  • El sueño se logró en la temporada 1961-62 tras eliminar al Albacete en un partido de desempate disputado en el Estadio de Vallecas

Los lectores de “Recordando a…”, recordarán, valga la redundancia, el primer ascenso de la Unión Deportiva Melilla, que aconteció en el año de 1950. Cuatro años permaneció el Melilla en la categoría, descendiendo de nuevo a Tercera División.

Era la temporada 1954-55 cuando de nuevo  comenzaba el largo y tortuoso camino de la militancia en Tercera, de manos de una junta gestora, con importantes deudas económicas, no se barruntaban tiempos felices para el máximo exponente del fútbol local, y así fue.

Las siguientes temporadas fueron un ir y venir de presidentes, gestoras, deudas, descenso y desaparición de la Unión Deportiva, relevo  por parte del CD Tesorillo, que toma el nombre de Melilla CF, y un hecho que también tuvo una importancia capital para los intereses del equipo. Melilla siempre acogió a los futbolistas que por mor del servicio militar obligatorio tenían que prestarlo en nuestra ciudad, era un beneficio para ambas partes, club, futbolistas soldados buenos y baratos, y para éstos, un servicio militar algo más cómodo y no pasar una temporada en blanco. En 1957, con la llegada del comandante general Gotarredona, tan recordado en esta ciudad por tantas cosas buenas, al parecer por orden suya, se prohibió a los militares de reemplazo jugar al fútbol profesional. Esta prohibición se mantuvo durante dos años, un nuevo perjuicio añadido a las convulsas y escuálidas arcas del llamado Melilla CF.

A pesar de los pesares, la nave continuó navegando y en la temporada 1960-61, el Melilla CF y su camiseta rojinegra, con un presidente estable desde la temporada anterior, don José Torcello, finalizaba la temporada en el segundo lugar de la clasificación y jugaba la fase de ascenso a Segunda, cayendo en la primera eliminatoria ante el Galdácano. No se consiguió el objetivo, pero se estaba en el buen camino.

Y llegamos a la temporada 1961-62, el Melilla CF retoma la camiseta azul y firma otra excelente temporada en la que vuelve a finalizar como subcampeón del Grupo XI de la Tercera División, por detrás del Sevilla Atlético que quedó campeón. Adquiere de nuevo el derecho a jugar la fase de ascenso a Segunda. Se disputa una primera eliminatoria contra el Imperial de Murcia, que se solventa con la victoria por dos a cero en el partido jugado en Álvarez Claro y con empate a dos en el partido de vuelta jugado con luz artificial (el Melilla no estaba acostumbrado a jugar de noche) en el Estadio de La Condomina de la capital murciana. Queda salvar otra eliminatoria, esta vez frente al Albacete de Segunda División, que jugaba para permanecer en la categoría. Tras un doble empate a cero en los partidos celebrados tanto en Melilla como en tierras manchegas, el partido de desempate definitivo se jugaría en campo neutral, concretamente en Madrid en el Estadio de Vallecas el día 5 de junio de 1962.

No dejó escapar la ocasión el equipo de nuestra tierra, que lograba vencer al Albacete por dos a cero, en un memorable partido seguido por miles de melillenses a través de la radio. Los dos goles del equipo melillense fueron marcados por su delantero centro Agustín Rojas, el jugador melillense Añil fue expulsado por protestar un penalti injusto al árbitro del encuentro, pena máxima que paró el excelente portero azulino Julio. Contaba el periodista melillense afincado en Madrid Alberto Amorós, en su crónica para El Telegrama del Rif, que el canterano Añil al irse expulsado al vestuario comenzó a golpearse la cabeza contra la pared, lo que motivó que un empleado del campo se acercara corriendo al banquillo melillense al grito de “¡Qué se mata, qué se mata!”, avisando así a los responsables del banquillo melillense para que auxiliaran al bravo defensa y evitaran que se rompiera la crisma.

La alineación del Melilla CF que consiguió el ansiado ascenso estuvo formada por: Julio, Desiderio, Añil, Monti, Cuerva, Ramos, Lopera, Guerra, Rojas, Oviedo y Listero. El masajista era el inolvidable Lázaro y el entrenador Abilio Rubio, que como anécdota curiosa no poseía el título de entrenador nacional, lo que le impediría continuar al frente del equipo en Segunda División.

Finalizado el partido la gente se echó a la calle formando caravanas de coches que recorrieron los barrios de la ciudad haciendo sonar el claxon en una celebración que duró hasta bien entrada la madrugada. Pero lo mejor estaba por llegar. El día 8 de junio el barco Ciudad de Valencia traía de vuelta a la expedición melillense. Desde primeras horas de la mañana una riada de hombres, mujeres y niños desfilaban hacia el puerto para recibir a sus héroes, entre 15.000 y 20.000 personas se dieron cita en una auténtica manifestación de orgullo ciudadano. Nada faltó. La banda de música municipal, una estruendosa traca proporcionada por los pirotécnicos melillenses Hermanos Aragonés y un desfile de acompañamiento al equipo que subió al pueblo según bajó del barco para agradecer el triunfo a la Virgen de la Victoria, seguido de un desfile Avenida arriba, hasta homenajear a los jugadores que saludaron desde los balcones de la sede del club en la calle Castelar a una multitud enfervorecida, orgullosa de un equipo, una ciudad y unos colores, el lado bueno del fútbol.

Fuente informativa: El Telegrama de Melilla e “Historia y Estadística del Fútbol en Melilla”, de José Rodríguez Marín y Francisco Benítez Muñoz

Fotografía cedida por Francisco Benítez Orozco 

El segundo ascenso del Melilla a Segunda División

  • El sueño se logró en la temporada 1961-62 tras eliminar al Albacete en un partido de desempate disputado en el Estadio de Vallecas

Los lectores de “Recordando a…”, recordarán, valga la redundancia, el primer ascenso de la Unión Deportiva Melilla, que aconteció en el año de 1950. Cuatro años permaneció el Melilla en la categoría, descendiendo de nuevo a Tercera División.

Era la temporada 1954-55 cuando de nuevo  comenzaba el largo y tortuoso camino de la militancia en Tercera, de manos de una junta gestora, con importantes deudas económicas, no se barruntaban tiempos felices para el máximo exponente del fútbol local, y así fue.

Las siguientes temporadas fueron un ir y venir de presidentes, gestoras, deudas, descenso y desaparición de la Unión Deportiva, relevo  por parte del CD Tesorillo, que toma el nombre de Melilla CF, y un hecho que también tuvo una importancia capital para los intereses del equipo. Melilla siempre acogió a los futbolistas que por mor del servicio militar obligatorio tenían que prestarlo en nuestra ciudad, era un beneficio para ambas partes, club, futbolistas soldados buenos y baratos, y para éstos, un servicio militar algo más cómodo y no pasar una temporada en blanco. En 1957, con la llegada del comandante general Gotarredona, tan recordado en esta ciudad por tantas cosas buenas, al parecer por orden suya, se prohibió a los militares de reemplazo jugar al fútbol profesional. Esta prohibición se mantuvo durante dos años, un nuevo perjuicio añadido a las convulsas y escuálidas arcas del llamado Melilla CF.

A pesar de los pesares, la nave continuó navegando y en la temporada 1960-61, el Melilla CF y su camiseta rojinegra, con un presidente estable desde la temporada anterior, don José Torcello, finalizaba la temporada en el segundo lugar de la clasificación y jugaba la fase de ascenso a Segunda, cayendo en la primera eliminatoria ante el Galdácano. No se consiguió el objetivo, pero se estaba en el buen camino.

Y llegamos a la temporada 1961-62, el Melilla CF retoma la camiseta azul y firma otra excelente temporada en la que vuelve a finalizar como subcampeón del Grupo XI de la Tercera División, por detrás del Sevilla Atlético que quedó campeón. Adquiere de nuevo el derecho a jugar la fase de ascenso a Segunda. Se disputa una primera eliminatoria contra el Imperial de Murcia, que se solventa con la victoria por dos a cero en el partido jugado en Álvarez Claro y con empate a dos en el partido de vuelta jugado con luz artificial (el Melilla no estaba acostumbrado a jugar de noche) en el Estadio de La Condomina de la capital murciana. Queda salvar otra eliminatoria, esta vez frente al Albacete de Segunda División, que jugaba para permanecer en la categoría. Tras un doble empate a cero en los partidos celebrados tanto en Melilla como en tierras manchegas, el partido de desempate definitivo se jugaría en campo neutral, concretamente en Madrid en el Estadio de Vallecas el día 5 de junio de 1962.

No dejó escapar la ocasión el equipo de nuestra tierra, que lograba vencer al Albacete por dos a cero, en un memorable partido seguido por miles de melillenses a través de la radio. Los dos goles del equipo melillense fueron marcados por su delantero centro Agustín Rojas, el jugador melillense Añil fue expulsado por protestar un penalti injusto al árbitro del encuentro, pena máxima que paró el excelente portero azulino Julio. Contaba el periodista melillense afincado en Madrid Alberto Amorós, en su crónica para El Telegrama del Rif, que el canterano Añil al irse expulsado al vestuario comenzó a golpearse la cabeza contra la pared, lo que motivó que un empleado del campo se acercara corriendo al banquillo melillense al grito de “¡Qué se mata, qué se mata!”, avisando así a los responsables del banquillo melillense para que auxiliaran al bravo defensa y evitaran que se rompiera la crisma.

La alineación del Melilla CF que consiguió el ansiado ascenso estuvo formada por: Julio, Desiderio, Añil, Monti, Cuerva, Ramos, Lopera, Guerra, Rojas, Oviedo y Listero. El masajista era el inolvidable Lázaro y el entrenador Abilio Rubio, que como anécdota curiosa no poseía el título de entrenador nacional, lo que le impediría continuar al frente del equipo en Segunda División.

Finalizado el partido la gente se echó a la calle formando caravanas de coches que recorrieron los barrios de la ciudad haciendo sonar el claxon en una celebración que duró hasta bien entrada la madrugada. Pero lo mejor estaba por llegar. El día 8 de junio el barco Ciudad de Valencia traía de vuelta a la expedición melillense. Desde primeras horas de la mañana una riada de hombres, mujeres y niños desfilaban hacia el puerto para recibir a sus héroes, entre 15.000 y 20.000 personas se dieron cita en una auténtica manifestación de orgullo ciudadano. Nada faltó. La banda de música municipal, una estruendosa traca proporcionada por los pirotécnicos melillenses Hermanos Aragonés y un desfile de acompañamiento al equipo que subió al pueblo según bajó del barco para agradecer el triunfo a la Virgen de la Victoria, seguido de un desfile Avenida arriba, hasta homenajear a los jugadores que saludaron desde los balcones de la sede del club en la calle Castelar a una multitud enfervorecida, orgullosa de un equipo, una ciudad y unos colores, el lado bueno del fútbol.

Fuente informativa: El Telegrama de Melilla e “Historia y Estadística del Fútbol en Melilla”, de José Rodríguez Marín y Francisco Benítez Muñoz

Fotografía cedida por Francisco Benítez Orozco