Los presidentes del “Melilla”

Antonio G. Jáuregui 01-04-2014 - Historia

  • Este artículo pretende repasar y reconocer la historia del fútbol melillense ligada a sus presidentes en momentos trascendentales

Dicen que el fútbol es de los futbolistas, no hay discusión. Perogrullo lo habría firmado, pero para que el fútbol funcione al menos es necesaria una mínima organización, además de los medios económicos necesarios para que el barco navegue.

En 1943 el fútbol melillense se había estancado, a pesar de disputar la Copa de Marruecos entre las ciudades del Protectorado Español: Ceuta, Tetuán, Larache,... Lo cierto es que se instaló un justificado anhelo de dar un salto de calidad y, a través de la fusión entre clubes, crear un equipo fuerte para competir en las ligas nacionales y sacudirnos de paso la sensación de aislamiento, además de darnos a conocer positivamente en suelo peninsular.

El fútbol desde sus inicios estuvo bastante profesionalizado, en consecuencia, todo club que se creara con la intención de destacar en él no tenía más remedio que invertir para conseguir, mediante el dinero, hacerse con los servicios de los más destacados jugadores y poder aspirar así a la consecución de los mayores logros deportivos posibles.

Dadas estas circunstancias los clubes de fútbol, casi siempre, estuvieron presididos por empresarios, quizás por tratarse de personas capacitadas para conseguir y administrar los recursos económicos necesarios para conducir la nave deportiva al éxito.

Muchos son los presidentes que el “Melilla” de fútbol ha tenido a lo largo de los setenta años en categoría nacional. Vamos desde estas letras a recordarles a los más relevantes a modo de homenaje, pues, salvo excepciones, casi todos duermen el injusto sueño del olvido, vaya pues por ellos.

Pedro Cabanillas Chica fue junto con otros preclaros melillenses los que situaron a Melilla en el plano nacional con el ascenso a Tercera División de la Unión Deportiva. Permaneció en el cargo hasta 1949.

Es muy posible que Pedro Cabanillas abandonara el cargo por las dificultades económicas. Los presupuestos deficitarios en el fútbol melillense son un mal endémico, tan es así que no le quedó más remedio al alcalde Rafael Álvarez Claro, que cuatro años antes había construido el magnífico estadio que lleva su nombre, que hacerse cargo de la dirección del club. En una difícil temporada, siempre hablando en términos económicos, la 1949/50, en la que había delegado la presidencia del Club en el vicepresidente primero Antonio Rivas Ortuño, la Unión Deportiva Melilla conseguía el ascenso a la Segunda División del fútbol nacional.

En 1950, tras una accidentada y multitudinaria asamblea de socios celebrada en la Plaza de Toros, accedía a la presidencia Antonio Parres Candela, convirtiéndose así en el primer presidente de la UDM en Segunda División.

La década de los 50 fue muy convulsa. La UDM pasó por diferentes presidencias y juntas gestoras, perdió la categoría volviendo a Tercera y además, con el fin del Protectorado en 1956 al desaparecer la Federación Marroquí, quedaron dos plazas libres en Segunda División, las que dejaron Atlético de Tetuán y España de Tánger, ciudades que pasaron a formar parte del reino de Marruecos. Ceuta se hizo con una plaza, no así Melilla, más por una mala gestión política que deportiva. Además se pierde la categoría en Tercera y la UDM desaparece dando lugar a la creación del Melilla Club de Fútbol. A título anecdótico cabe destacar en esta dura década la presidencia en 1955 de Antonio Gómez Goya, coronel jefe del Estado Mayor de la Comandancia General de Melilla y la del insigne médico Juan Ríos García.

En 1962, bajo la presidencia de José Torcello García, industrial melillense, el Melilla CF logra el ascenso de nuevo a la Segunda División del fútbol nacional. Este ascenso conseguido en Madrid en el campo de Vallecas frente al Albacete constituyó una enorme manifestación de júbilo en la ciudadanía. Se cifra entre 15 y 20.000 personas, las personas que acudieron al puerto a recibir al equipo.

Damos un salto en el tiempo y nos remontamos a la temporada 1986/87, con motivo de la creación de la Segunda B en la que se diseñan cuatro grupos de veinte equipos. De nuevo la Unión Deportiva Melilla, que ha recuperado su nombre original, asciende a esta nueva categoría de la mano del empresario melillense Francisco López Rodríguez, y desde entonces la UDM permanece en esta categoría.

Durante los más de 20 años de Segunda B, lo hechos más destacados fueron los que les relatamos a continuación:

Temporada 1989/90, bajo la presidencia de Francisco Benítez Muñoz, la UDM quedó segunda por detrás del Albacete de Benito Floro. Como en aquel momento sólo ascendía el primer clasificado, Melilla se quedaba con la miel en los labios después de una excelente temporada, en la que se ganó al Albacete en los dos enfrentamientos que disputaron en la liga regular.

Temporada 1998/99, presidiendo Diego Bernal Pérez, la UDM queda campeón del Grupo IV, lo que dio derecho a disputar la fase de ascenso a Segunda A, no se consiguió el objetivo

En la temporada siguiente, con Diego Bernal continuando en la presidencia, se disputa por primera vez en la historia del fútbol melillense un partido oficial contra un equipo de la Primera División. Fue en Copa del Rey y el rival el Athletic Club de Bilbao. No lo tuvo fácil el equipo vasco que empató a dos en el Álvarez Claro y ganó tres a dos en San Mamés, después de que la UDM se adelantara cero a dos en plena Catedral, ante 35.000 espectadores que despidieron a la expedición melillense con una gran ovación.

Finalmente en la temporada 2009/10, bajo la presidencia de Francisco Molina Gálvez, la UDM conseguía de nuevo clasificarse para jugar la Liguilla de ascenso a la Segunda División sin lograr el perseguido ascenso.

No caben todos, pero todos merecen nuestro reconocimiento, pues con su esfuerzo altruista han logrado que esta empresa de imagen al servicio de la ciudad, denominada Unión Deportiva Melilla, continúe dándonos a conocer por las diferentes ciudades de España. Así lo entendieron ellos y el sinfín de directivos que les ayudaron en la ardua y complicada tarea de dirigir un club de fútbol.

Los presidentes del “Melilla”

  • Este artículo pretende repasar y reconocer la historia del fútbol melillense ligada a sus presidentes en momentos trascendentales

Dicen que el fútbol es de los futbolistas, no hay discusión. Perogrullo lo habría firmado, pero para que el fútbol funcione al menos es necesaria una mínima organización, además de los medios económicos necesarios para que el barco navegue.

En 1943 el fútbol melillense se había estancado, a pesar de disputar la Copa de Marruecos entre las ciudades del Protectorado Español: Ceuta, Tetuán, Larache,... Lo cierto es que se instaló un justificado anhelo de dar un salto de calidad y, a través de la fusión entre clubes, crear un equipo fuerte para competir en las ligas nacionales y sacudirnos de paso la sensación de aislamiento, además de darnos a conocer positivamente en suelo peninsular.

El fútbol desde sus inicios estuvo bastante profesionalizado, en consecuencia, todo club que se creara con la intención de destacar en él no tenía más remedio que invertir para conseguir, mediante el dinero, hacerse con los servicios de los más destacados jugadores y poder aspirar así a la consecución de los mayores logros deportivos posibles.

Dadas estas circunstancias los clubes de fútbol, casi siempre, estuvieron presididos por empresarios, quizás por tratarse de personas capacitadas para conseguir y administrar los recursos económicos necesarios para conducir la nave deportiva al éxito.

Muchos son los presidentes que el “Melilla” de fútbol ha tenido a lo largo de los setenta años en categoría nacional. Vamos desde estas letras a recordarles a los más relevantes a modo de homenaje, pues, salvo excepciones, casi todos duermen el injusto sueño del olvido, vaya pues por ellos.

Pedro Cabanillas Chica fue junto con otros preclaros melillenses los que situaron a Melilla en el plano nacional con el ascenso a Tercera División de la Unión Deportiva. Permaneció en el cargo hasta 1949.

Es muy posible que Pedro Cabanillas abandonara el cargo por las dificultades económicas. Los presupuestos deficitarios en el fútbol melillense son un mal endémico, tan es así que no le quedó más remedio al alcalde Rafael Álvarez Claro, que cuatro años antes había construido el magnífico estadio que lleva su nombre, que hacerse cargo de la dirección del club. En una difícil temporada, siempre hablando en términos económicos, la 1949/50, en la que había delegado la presidencia del Club en el vicepresidente primero Antonio Rivas Ortuño, la Unión Deportiva Melilla conseguía el ascenso a la Segunda División del fútbol nacional.

En 1950, tras una accidentada y multitudinaria asamblea de socios celebrada en la Plaza de Toros, accedía a la presidencia Antonio Parres Candela, convirtiéndose así en el primer presidente de la UDM en Segunda División.

La década de los 50 fue muy convulsa. La UDM pasó por diferentes presidencias y juntas gestoras, perdió la categoría volviendo a Tercera y además, con el fin del Protectorado en 1956 al desaparecer la Federación Marroquí, quedaron dos plazas libres en Segunda División, las que dejaron Atlético de Tetuán y España de Tánger, ciudades que pasaron a formar parte del reino de Marruecos. Ceuta se hizo con una plaza, no así Melilla, más por una mala gestión política que deportiva. Además se pierde la categoría en Tercera y la UDM desaparece dando lugar a la creación del Melilla Club de Fútbol. A título anecdótico cabe destacar en esta dura década la presidencia en 1955 de Antonio Gómez Goya, coronel jefe del Estado Mayor de la Comandancia General de Melilla y la del insigne médico Juan Ríos García.

En 1962, bajo la presidencia de José Torcello García, industrial melillense, el Melilla CF logra el ascenso de nuevo a la Segunda División del fútbol nacional. Este ascenso conseguido en Madrid en el campo de Vallecas frente al Albacete constituyó una enorme manifestación de júbilo en la ciudadanía. Se cifra entre 15 y 20.000 personas, las personas que acudieron al puerto a recibir al equipo.

Damos un salto en el tiempo y nos remontamos a la temporada 1986/87, con motivo de la creación de la Segunda B en la que se diseñan cuatro grupos de veinte equipos. De nuevo la Unión Deportiva Melilla, que ha recuperado su nombre original, asciende a esta nueva categoría de la mano del empresario melillense Francisco López Rodríguez, y desde entonces la UDM permanece en esta categoría.

Durante los más de 20 años de Segunda B, lo hechos más destacados fueron los que les relatamos a continuación:

Temporada 1989/90, bajo la presidencia de Francisco Benítez Muñoz, la UDM quedó segunda por detrás del Albacete de Benito Floro. Como en aquel momento sólo ascendía el primer clasificado, Melilla se quedaba con la miel en los labios después de una excelente temporada, en la que se ganó al Albacete en los dos enfrentamientos que disputaron en la liga regular.

Temporada 1998/99, presidiendo Diego Bernal Pérez, la UDM queda campeón del Grupo IV, lo que dio derecho a disputar la fase de ascenso a Segunda A, no se consiguió el objetivo

En la temporada siguiente, con Diego Bernal continuando en la presidencia, se disputa por primera vez en la historia del fútbol melillense un partido oficial contra un equipo de la Primera División. Fue en Copa del Rey y el rival el Athletic Club de Bilbao. No lo tuvo fácil el equipo vasco que empató a dos en el Álvarez Claro y ganó tres a dos en San Mamés, después de que la UDM se adelantara cero a dos en plena Catedral, ante 35.000 espectadores que despidieron a la expedición melillense con una gran ovación.

Finalmente en la temporada 2009/10, bajo la presidencia de Francisco Molina Gálvez, la UDM conseguía de nuevo clasificarse para jugar la Liguilla de ascenso a la Segunda División sin lograr el perseguido ascenso.

No caben todos, pero todos merecen nuestro reconocimiento, pues con su esfuerzo altruista han logrado que esta empresa de imagen al servicio de la ciudad, denominada Unión Deportiva Melilla, continúe dándonos a conocer por las diferentes ciudades de España. Así lo entendieron ellos y el sinfín de directivos que les ayudaron en la ardua y complicada tarea de dirigir un club de fútbol.