La selección nacional de fútbol jugó en Melilla

Antonio G. Jáuregui 02-07-2013 - Historia

  • El partido se disputó el 20 de febrero de 1938

  • Fue un acontecimiento magno y la ciudad recibió al combinado con todos los honores

Hoy no sería posible, para que la selección nacional de fútbol absoluta, pudiera jugar en nuestra ciudad, se tendrían que dar unas condiciones que, según la Real Federación Española de Fútbol no se dan, como sería una adecuada infraestructura hotelera, medios de transporte, estadio adecuado, etc., a lo más que podemos aspirar y ya se ha conseguido en varias ocasiones, es a disfrutar de las selecciones inferiores, como diría el castizo, menos da una piedra y que continúen viniendo a jugar a esta bendita tierra.

Lo que hoy les voy a relatar es, si lo analizamos estrictamente, un hecho que tampoco podríamos catalogarlo de máximo nivel, primero porque la selección que vino a jugar a Melilla en plena Guerra Civil, era la selección de un bando, el nacional, el otro bando fue por otros derroteros, y segundo por la categoría del rival, el partido no se jugó contra una selección de otro país, sino contra una selección local, formada por jugadores de los distintos equipos de la ciudad, es por ello que la Federación no reconoce estos partidos jugados contra selecciones locales, ni siquiera reconoce dos amistosos que se jugaron contra Portugal, como digo todo ello en plena Guerra Civil.

Independientemente de la relevancia del partido, sí fueron importantes los motivos que impulsaron a los dirigentes del llamado bando nacional, a crear una selección nacional de fútbol.

Cuando la Guerra Civil dio comienzo allá por el mes de julio de 1936, el fútbol español, como tantas otras actividades, se paralizó, y los jugadores de la última selección fueron los que participaron en los mundiales de Italia de 1934. Como la nación, la selección también se partió en dos, los futbolistas que quedaron en el bando rojo, unos se exiliaron, de hecho se creó la selección de Euskadi que estuvo compitiendo por Europa y América del Sur y los que quedaron en zona republicana, participaron en una competición llamada Liga Mediterránea que abarcó desde Cataluña hasta Murcia, en esta liga también tenían derecho a participar los equipos de Madrid, aunque no lo hicieron, no sólo por las dificultades propias del momento, sino también porque el F. C. Barcelona vetó la participación del Real Madrid, (ya se amaban en aquellos tiempos).

La Federación Española de Fútbol también quedó paralizada en sus actividades, su secretario general Ricardo Cabot, viendo que sus superiores jerárquicos se quitaron de en medio y no teniendo nada que hacer en Madrid, metió en la maleta estatutos y reglamentos y se marchó a su Barcelona natal, desde donde emitió un decreto de suspensión de la competiciones de la temporada 1936/37, que tenían que comenzar en septiembre y delegando la responsabilidad en los clubes que decidieran competir, por ejemplo la liga mediterránea citada, que tampoco está reconocida por la federación española y que ganó el Levante.

El partido se celebró a beneficio del Caballero Musulmán Mutilado, en el campo de fútbol de La Hípica, con un lleno absoluto

Los dirigentes del bando nacional conocedores de la importancia no sólo de ganar la guerra sino también la del reconocimiento internacional, creó una federación de fútbol con vistas a obtener el reconocimiento de los organismos deportivos mundiales y europeos, aunque en un principio no se logró este reconocimiento, sí lo consiguió a finales de 1937; vistas las dificultades de la creación de una liga, optó por la creación del equipo nacional, que contaba con valiosos futbolistas, algunos de los cuáles habían participado en el mundial de Italia, dejando el fútbol local en manos de los falangistas; durante esos tiempos de guerra en Melilla se jugó la Copa de la Falange.

Como les relatábamos esta selección debutó en Vigo contra Portugal y comenzó un periplo de actuaciones por las ciudades liberadas del bando nacional, recalando en Melilla donde jugó el 20 de febrero de 1938, qué duda cabe que para la ciudad fue un magno acontecimiento y recibió a la selección con todos los honores.

El partido se celebró a beneficio del Caballero Musulmán Mutilado en el campo de fútbol de La Hípica con un lleno absoluto, la selección nacional venció por siete a cero a la selección local y estas fueron las alineaciones:

Selección Nacional: Eizaguirre; Ciriaco y Quincoces; Germán, Soladredo y Aranal; Epi, Vergara, Campanal, Agustín y Vázquez.

Selección Local: Saltos; Luis y Juanele; Acebal, Borrachina y Parrilla; Gómez, Navarrillo, Butina, Hernández y Chacho.

A título anecdótico cabe destacar al magnífico portero del Sevilla C.F. Guillermo Eizaguirre, componente junto al gran Zamora de la selección que participó en el mundial de Italia; Eizaguirre se alistó como voluntario al Tercio en el comienzo de la guerra civil y alcanzó el grado de Capitán de La Legión, continuó jugando al fútbol después de la guerra y posteriormente  se hizo entrenador, llegando a ser el seleccionador de España en el mundial de Brasil celebrado en 1950, mundial recordado por el célebre “Maracanazo”, al perder Brasil la final por dos a uno frente a Uruguay.

Una última anécdota. El citado secretario general de la Federación Española de Fútbol, Ricardo Cabot, finalizada la guerra y siendo consciente de que su papel como secretario había finalizado, y a pesar de estar en el bando perdedor, contactó con el General Moscardó, delegado nacional de deportes, para hacerle entrega de los documentos federativos a los nuevos dirigentes. Como quiera que el señor Cabot no había participado en hechos de guerra, ni se había significado políticamente con los “rojos”, el nuevo orden le ofreció continuar en su cargo federativo, siendo aceptado por éste y en él continuó durante unos  veinte años hasta su jubilación, siendo uno de los mejores federativos que ha tenido el fútbol español.

Paradojas de la vida, la que hoy ha sido dada en llamar “La Roja”, un apodo absolutamente impensable para la selección de la que escribimos, pero qué duda cabe, fue el germen de la actual, y diga lo que diga la historia oficial en cuanto al reconocimiento de éste y demás partidos jugados en esa época, hay un hecho incuestionable; la Selección Nacional de Fútbol jugó en Melilla y por lo imposible que a día de hoy este hecho se pueda repetir, resulta del todo indispensable que no lo olvidemos, es parte de nuestra historia.

 

Fuente informativa: Telegrama del Rif y La Futbolteca. com, Historias de fútbol

Fotografía cedida por Francisco Benítez Orozco

La selección nacional de fútbol jugó en Melilla

  • El partido se disputó el 20 de febrero de 1938

  • Fue un acontecimiento magno y la ciudad recibió al combinado con todos los honores

Hoy no sería posible, para que la selección nacional de fútbol absoluta, pudiera jugar en nuestra ciudad, se tendrían que dar unas condiciones que, según la Real Federación Española de Fútbol no se dan, como sería una adecuada infraestructura hotelera, medios de transporte, estadio adecuado, etc., a lo más que podemos aspirar y ya se ha conseguido en varias ocasiones, es a disfrutar de las selecciones inferiores, como diría el castizo, menos da una piedra y que continúen viniendo a jugar a esta bendita tierra.

Lo que hoy les voy a relatar es, si lo analizamos estrictamente, un hecho que tampoco podríamos catalogarlo de máximo nivel, primero porque la selección que vino a jugar a Melilla en plena Guerra Civil, era la selección de un bando, el nacional, el otro bando fue por otros derroteros, y segundo por la categoría del rival, el partido no se jugó contra una selección de otro país, sino contra una selección local, formada por jugadores de los distintos equipos de la ciudad, es por ello que la Federación no reconoce estos partidos jugados contra selecciones locales, ni siquiera reconoce dos amistosos que se jugaron contra Portugal, como digo todo ello en plena Guerra Civil.

Independientemente de la relevancia del partido, sí fueron importantes los motivos que impulsaron a los dirigentes del llamado bando nacional, a crear una selección nacional de fútbol.

Cuando la Guerra Civil dio comienzo allá por el mes de julio de 1936, el fútbol español, como tantas otras actividades, se paralizó, y los jugadores de la última selección fueron los que participaron en los mundiales de Italia de 1934. Como la nación, la selección también se partió en dos, los futbolistas que quedaron en el bando rojo, unos se exiliaron, de hecho se creó la selección de Euskadi que estuvo compitiendo por Europa y América del Sur y los que quedaron en zona republicana, participaron en una competición llamada Liga Mediterránea que abarcó desde Cataluña hasta Murcia, en esta liga también tenían derecho a participar los equipos de Madrid, aunque no lo hicieron, no sólo por las dificultades propias del momento, sino también porque el F. C. Barcelona vetó la participación del Real Madrid, (ya se amaban en aquellos tiempos).

La Federación Española de Fútbol también quedó paralizada en sus actividades, su secretario general Ricardo Cabot, viendo que sus superiores jerárquicos se quitaron de en medio y no teniendo nada que hacer en Madrid, metió en la maleta estatutos y reglamentos y se marchó a su Barcelona natal, desde donde emitió un decreto de suspensión de la competiciones de la temporada 1936/37, que tenían que comenzar en septiembre y delegando la responsabilidad en los clubes que decidieran competir, por ejemplo la liga mediterránea citada, que tampoco está reconocida por la federación española y que ganó el Levante.

El partido se celebró a beneficio del Caballero Musulmán Mutilado, en el campo de fútbol de La Hípica, con un lleno absoluto

Los dirigentes del bando nacional conocedores de la importancia no sólo de ganar la guerra sino también la del reconocimiento internacional, creó una federación de fútbol con vistas a obtener el reconocimiento de los organismos deportivos mundiales y europeos, aunque en un principio no se logró este reconocimiento, sí lo consiguió a finales de 1937; vistas las dificultades de la creación de una liga, optó por la creación del equipo nacional, que contaba con valiosos futbolistas, algunos de los cuáles habían participado en el mundial de Italia, dejando el fútbol local en manos de los falangistas; durante esos tiempos de guerra en Melilla se jugó la Copa de la Falange.

Como les relatábamos esta selección debutó en Vigo contra Portugal y comenzó un periplo de actuaciones por las ciudades liberadas del bando nacional, recalando en Melilla donde jugó el 20 de febrero de 1938, qué duda cabe que para la ciudad fue un magno acontecimiento y recibió a la selección con todos los honores.

El partido se celebró a beneficio del Caballero Musulmán Mutilado en el campo de fútbol de La Hípica con un lleno absoluto, la selección nacional venció por siete a cero a la selección local y estas fueron las alineaciones:

Selección Nacional: Eizaguirre; Ciriaco y Quincoces; Germán, Soladredo y Aranal; Epi, Vergara, Campanal, Agustín y Vázquez.

Selección Local: Saltos; Luis y Juanele; Acebal, Borrachina y Parrilla; Gómez, Navarrillo, Butina, Hernández y Chacho.

A título anecdótico cabe destacar al magnífico portero del Sevilla C.F. Guillermo Eizaguirre, componente junto al gran Zamora de la selección que participó en el mundial de Italia; Eizaguirre se alistó como voluntario al Tercio en el comienzo de la guerra civil y alcanzó el grado de Capitán de La Legión, continuó jugando al fútbol después de la guerra y posteriormente  se hizo entrenador, llegando a ser el seleccionador de España en el mundial de Brasil celebrado en 1950, mundial recordado por el célebre “Maracanazo”, al perder Brasil la final por dos a uno frente a Uruguay.

Una última anécdota. El citado secretario general de la Federación Española de Fútbol, Ricardo Cabot, finalizada la guerra y siendo consciente de que su papel como secretario había finalizado, y a pesar de estar en el bando perdedor, contactó con el General Moscardó, delegado nacional de deportes, para hacerle entrega de los documentos federativos a los nuevos dirigentes. Como quiera que el señor Cabot no había participado en hechos de guerra, ni se había significado políticamente con los “rojos”, el nuevo orden le ofreció continuar en su cargo federativo, siendo aceptado por éste y en él continuó durante unos  veinte años hasta su jubilación, siendo uno de los mejores federativos que ha tenido el fútbol español.

Paradojas de la vida, la que hoy ha sido dada en llamar “La Roja”, un apodo absolutamente impensable para la selección de la que escribimos, pero qué duda cabe, fue el germen de la actual, y diga lo que diga la historia oficial en cuanto al reconocimiento de éste y demás partidos jugados en esa época, hay un hecho incuestionable; la Selección Nacional de Fútbol jugó en Melilla y por lo imposible que a día de hoy este hecho se pueda repetir, resulta del todo indispensable que no lo olvidemos, es parte de nuestra historia.

 

Fuente informativa: Telegrama del Rif y La Futbolteca. com, Historias de fútbol

Fotografía cedida por Francisco Benítez Orozco