Los inicios del tennis en Melilla

Antonio G. Jáuregui 15-01-2014 - Historia

  • El primer partido se jugó en la Plaza de España en febrero de 1914

Biblioteca Pública Municipal

Así, con dos enes, se escribía el deporte que, como casi todos, a principios del siglo XX nos llegaba desde las Islas Británicas. El tenis en un principio, y haciendo una clasificación un tanto banal, se le podía incluir en los llamados deportes aristocráticos, frente a los clasificados democráticos, como por ejemplo el fútbol.

Y es que el tenis que se comenzó a jugar en Melilla tenía más de acontecimiento social que de deporte, aunque los practicantes sudaran la camiseta. Digamos en su defensa que, además, fue un deporte que desde sus comienzos permitió ser practicado por las damas sin ninguna limitación, tanto en individuales, como en los dobles mixtos.

El Telegrama del Rif publicaba en sus páginas del día 10 de febrero de 1914 el nacimiento de la Sociedad Melilla Tennis-Club, gracias a los esfuerzos de los hermanos Salama, José y Moisés. Las autoridades les cedieron accidentalmente la hermosa explanada que queda entre la valla de la Plaza de España y los barracones del depósito de ganado (aledaños del Banco de España). En pocos días se transformó, construyéndose una pista como ordenan los cánones del tennis y una caseta, tocador elegante para las damas y vestuarios de los jóvenes aficionados al higiénico juego.

“La tarde del domingo día 8 era la señalada para la inauguración, y Melilla entera acudió solícita a ella. Más de 250 señoras y señoritas que realzaban su hermosura con elegantes tocados se dieron cita en la pista. Del sexo fuerte había muchos militares y paisanos, viéndose entre aquellos a los Generales Jordana, Villalba y Burguete.

Sólo se jugó una partida entre los señores don Vicente Val, don José Lomas y don José Sánchez Ocaña y capitán Olano. Fue emocionante, obteniendo el triunfo el primer equipo.

Al declinar la tarde se sirvió espléndido té, pastas y finos licores. Habiendo música, pues la notable banda del Regimiento de África amenizaba el acto, y mucha gente joven no podía dejar de bailar”.

Finaliza el cronista escribiendo “hace muchos años tuvo vida una sociedad análoga, que murió en los comienzos de la campaña; disfrutándose ya hoy de una era de paz los deportes se imponían y Melilla Tennis Club los inicia de modo muy lucido. Son muchas las muchachas que se ejercitan en el ‘Tennis’ durante las tardes. Pasados los rigores del invierno, la próxima primavera permitirá a las familias reunirse en el ‘Tennis’, ya que el Kursaal se transformó en salón de espectáculos”.

En 1914, a la vez que Melilla Tennis, se ponía en marcha la Sociedad Hípica que, aunque en sus comienzos se dedicó a las pruebas hípicas, nació con la intención de albergar en su seno todos los deportes que se practicaban en la ciudad. Así en noviembre de 1915 firmó convenios de fusión con la Sociedad de Tiro de Pichón y con Melilla Tennis Club y estaban por llegar muy próximos los acuerdos con las agrupaciones de fútbol. Hay que hacer constar que José Salama además de ser directivo del tenis era además directivo de La Hípica, lo que sin duda facilitó las cosas.

En mayo de 1916, la junta directiva de La Hípica informaba de la construcción de dos pistas de tenis. Poco a poco iría absorbiendo este deporte hasta hacerse en exclusiva con la práctica del mismo, cuya duración se mantuvo hasta los años ochenta en el que se creó la Escuela Municipal de Tenis en la Junta del Puerto y se construyeron las pistas municipales del estadio Álvarez Claro.

Permitan que para finalizar les contemos como eran las pelotas y raquetas, según lo relataba en la prensa local Mme. Robert, corría el año de 1927.

“Las pelotas son fabricadas por procedimientos nuevos que las aseguran una elasticidad constante y bien determinada. A tal fin, se las da la presión interior, introduciendo antes de aproximar los hemisferios que constituyen la cámara de aire de la pelota, una sustancia química en polvo, que por cocción ulterior, desprende gas e hincha la cámara. En cuanto se ha introducido la materia gasificable, se pegan los dos hemisferios para hacerlos solidarios, y después esta cámara así preparada se recubre con dos lengüetas de caucho, que son recortadas una y otra en forma de ocho, obteniendo así una pelota que ha de ser vulcanizada y finalmente recubierta de una capa protectriz de trapo.

Las raquetas de madera, cuando no juega (el tenista) la conserva en la prensa, utilizando de entre ellas, la de forma trapezoidal. Cuando el tiempo es húmedo toma la precaución antes de irse al campo de tenis, de engrasar las cuerdas de la raqueta con grasa de buey; las desengrasa momentos antes de ponerse a jugar, para volverlas a embadurnar en cuanto acabe la partida”.

También por aquel tiempo, un tenista americano, tras siete años de estudio, comenzaba a comercializar las raquetas metálicas, de un menor costo que las de madera y que no ofrecían tantos problemas de mantenimiento en los climas húmedos.

Biblioteca Pública Municipal

Los inicios del tennis en Melilla

  • El primer partido se jugó en la Plaza de España en febrero de 1914

Así, con dos enes, se escribía el deporte que, como casi todos, a principios del siglo XX nos llegaba desde las Islas Británicas. El tenis en un principio, y haciendo una clasificación un tanto banal, se le podía incluir en los llamados deportes aristocráticos, frente a los clasificados democráticos, como por ejemplo el fútbol.

Y es que el tenis que se comenzó a jugar en Melilla tenía más de acontecimiento social que de deporte, aunque los practicantes sudaran la camiseta. Digamos en su defensa que, además, fue un deporte que desde sus comienzos permitió ser practicado por las damas sin ninguna limitación, tanto en individuales, como en los dobles mixtos.

El Telegrama del Rif publicaba en sus páginas del día 10 de febrero de 1914 el nacimiento de la Sociedad Melilla Tennis-Club, gracias a los esfuerzos de los hermanos Salama, José y Moisés. Las autoridades les cedieron accidentalmente la hermosa explanada que queda entre la valla de la Plaza de España y los barracones del depósito de ganado (aledaños del Banco de España). En pocos días se transformó, construyéndose una pista como ordenan los cánones del tennis y una caseta, tocador elegante para las damas y vestuarios de los jóvenes aficionados al higiénico juego.

“La tarde del domingo día 8 era la señalada para la inauguración, y Melilla entera acudió solícita a ella. Más de 250 señoras y señoritas que realzaban su hermosura con elegantes tocados se dieron cita en la pista. Del sexo fuerte había muchos militares y paisanos, viéndose entre aquellos a los Generales Jordana, Villalba y Burguete.

Sólo se jugó una partida entre los señores don Vicente Val, don José Lomas y don José Sánchez Ocaña y capitán Olano. Fue emocionante, obteniendo el triunfo el primer equipo.

Al declinar la tarde se sirvió espléndido té, pastas y finos licores. Habiendo música, pues la notable banda del Regimiento de África amenizaba el acto, y mucha gente joven no podía dejar de bailar”.

Finaliza el cronista escribiendo “hace muchos años tuvo vida una sociedad análoga, que murió en los comienzos de la campaña; disfrutándose ya hoy de una era de paz los deportes se imponían y Melilla Tennis Club los inicia de modo muy lucido. Son muchas las muchachas que se ejercitan en el ‘Tennis’ durante las tardes. Pasados los rigores del invierno, la próxima primavera permitirá a las familias reunirse en el ‘Tennis’, ya que el Kursaal se transformó en salón de espectáculos”.

En 1914, a la vez que Melilla Tennis, se ponía en marcha la Sociedad Hípica que, aunque en sus comienzos se dedicó a las pruebas hípicas, nació con la intención de albergar en su seno todos los deportes que se practicaban en la ciudad. Así en noviembre de 1915 firmó convenios de fusión con la Sociedad de Tiro de Pichón y con Melilla Tennis Club y estaban por llegar muy próximos los acuerdos con las agrupaciones de fútbol. Hay que hacer constar que José Salama además de ser directivo del tenis era además directivo de La Hípica, lo que sin duda facilitó las cosas.

En mayo de 1916, la junta directiva de La Hípica informaba de la construcción de dos pistas de tenis. Poco a poco iría absorbiendo este deporte hasta hacerse en exclusiva con la práctica del mismo, cuya duración se mantuvo hasta los años ochenta en el que se creó la Escuela Municipal de Tenis en la Junta del Puerto y se construyeron las pistas municipales del estadio Álvarez Claro.

Permitan que para finalizar les contemos como eran las pelotas y raquetas, según lo relataba en la prensa local Mme. Robert, corría el año de 1927.

“Las pelotas son fabricadas por procedimientos nuevos que las aseguran una elasticidad constante y bien determinada. A tal fin, se las da la presión interior, introduciendo antes de aproximar los hemisferios que constituyen la cámara de aire de la pelota, una sustancia química en polvo, que por cocción ulterior, desprende gas e hincha la cámara. En cuanto se ha introducido la materia gasificable, se pegan los dos hemisferios para hacerlos solidarios, y después esta cámara así preparada se recubre con dos lengüetas de caucho, que son recortadas una y otra en forma de ocho, obteniendo así una pelota que ha de ser vulcanizada y finalmente recubierta de una capa protectriz de trapo.

Las raquetas de madera, cuando no juega (el tenista) la conserva en la prensa, utilizando de entre ellas, la de forma trapezoidal. Cuando el tiempo es húmedo toma la precaución antes de irse al campo de tenis, de engrasar las cuerdas de la raqueta con grasa de buey; las desengrasa momentos antes de ponerse a jugar, para volverlas a embadurnar en cuanto acabe la partida”.

También por aquel tiempo, un tenista americano, tras siete años de estudio, comenzaba a comercializar las raquetas metálicas, de un menor costo que las de madera y que no ofrecían tantos problemas de mantenimiento en los climas húmedos.