De la Torre, un campeón sin corona

Antonio G. Jáuregui 11-06-2013 - Historia

  • Quizás la falta de un buen “padrino” le impidió mayores éxitos, puesto que luchó por dos veces por el Campeonato de España

El boxeo en la actualidad es un deporte venido a menos, acusado de violento, en casi todos los países está mal visto y, por ende, poco ayudado y menos promocionado, hasta el punto de ser considerado, salvo excepciones, un deporte marginal. Es cierto que el boxeo siempre estuvo bajo sospecha, buena parte de culpa la tuvieron sus dirigentes, tampoco se libran sus gladiadores debido a que la mayor parte de ellos eran de escasa cultura y baja extracción social, lo que les hacía fácilmente víctimas de la manipulación y el engaño; gran parte de ellos ganaron mucho dinero que se quedó en manos de sus mentores o malgastaron o mal invirtieron cuando éste llegó a sus manos.

En alguna medida es el caso de nuestro protagonista. Pero por ponerles un caso más paradigmático, les contaré que el que suscribe llegó a conocer personalmente a quien en su momento era uno de los más grandes en Europa, José Manuel Ibar URTAIN, después de haber ganado cantidades ingentes de dinero boxeando, acabó de portero de discoteca (él decía que era relaciones públicas) en una ciudad castellana y años después terminó con su vida suicidándose.

¡Segundos fuera, primer asalto! Pedro De la Torre, nació en el año de 1943, en la calle Toledo del popular barrio del Polígono. En aquellos tiempos de posguerra civil y II Guerra Mundial la vida en el barrio era dura, los chavales jugaban con pocos medios y mucha imaginación, unos calcetines viejos rellenos de papel servían de guantes y una vieja cuadra abandonada servía de cuadrilátero. A Pedro casi siempre le ponían a pelear con chavales mayores que él, ya destacaba en el que sería su deporte. En la escuela era buen estudiante, ayudaba a su padre que era oficial de albañil, y cuando las cosas se ponían mal vendía hasta chumbos.

La primera vez que De la Torre pisó un gimnasio fue uno que existía en la calle López Moreno. Su primer entrenador se llamaba Rosa, era pescador, corría el año 59 y en cuanto aprendió las reglas básicas del noble arte de las 12 cuerdas subió al ring por primera vez para disputar un combate, ganó a los puntos. Este debut fue en el desaparecido campo de la Bandera de Marruecos. Después disputaría 110 combates como profesional y jamás perdió por KO.

Pedro continuó en Melilla. Entre combate y combate aficionado, llegó la hora de la “mili” que hizo en Automovilismo, alternaba servicio militar y entrenamientos, y las carreras de fondo de madrugada por los pinares de Rostrogordo con las tardes en el gimnasio de Correos. En 1963 debutó como profesional frente al almeriense Bisbal (sí, el padre del famoso cantante). Su madre le esperaba en casa con un filete de carne cruda que tenía un doble uso, primero servía para rebajar los moratones de los golpes recibidos y luego se comía para estar fuerte y bien alimentado como su ídolo, Ben Alí, otro boxeador melillense que ese mismo año se proclamaba campeón de Europa.

El año de 1979 llegó el momento de la retirada después de 110 combates peleados entre España y media Europa sin haber escuchado la cuenta fatídica de los diez segundos

Decidido a dar el salto al profesionalismo se marchó a Barcelona. Su primer manager fue Juan Clemente, charnego como él, y bajo su dirección se proclamó campeón de Cataluña. Pero como el boxeo con Clemente no daba para mucho, había que alternar los combates con la albañilería. Así entre pelea y pelea, “paseos” por el Barrio Chino cuando había “pelas” y trabajo en las obras del Metro de Barcelona cuando no, transcurría su vida por la Ciudad Condal.

Quizás la falta de un buen “padrino” le impidió mayores éxitos, puesto que luchó por dos veces por el Campeonato de España. La primera en Salamanca en el año 68, su rival Romerito, posteriormente Mariano García, en los dos combates hizo Match-nulo, así que la corona de campeón se quedó en la cabeza de sus rivales, que para eso eran los campeones, aunque él se quedó con los aplausos del público, aunque su honradez le impidiera decir que le habían robado, al menos muy claramente en la segunda ocasión.

De la Torre cuando era preguntado por su estilo, lo definía como “el de un animal”. Desde que sonaba el tañido de la campana, se iba hacia delante y a pelear hasta que volviera a sonar el gong. Aunque él tenía muy claro que sus rivales no eran sus enemigos, no había odio antes de un combate, sólo los nervios lógicos, a veces un cierto pique con tu adversario, pero una vez finalizado el combate, amigos.

Era un boxeador valiente y no dudó a la hora de dar el salto a Europa. Empezó peleando en Italia, primero contra Farinelli; Azori campeón de Europa;  Franco Zurlo, otro campeón de Europa, para terminar peleando por casi todas las ciudades del Viejo Continente. La bolsa más alta que cobró fueron 180.000 pesetas que le abonaron por enfrentarse a otro campeón de Europa más, el suizo Fritz Chevey con televisión de por medio. Como consecuencia de tantas batallas hubo de ser operado en Alemania de un oído; esto no le impidió intentar dar el salto a América, con los billetes de avión en el bolso dispuesto a emprender el viaje, se suspendió el combate porque su rival, un campeón del mundo mexicano del que no recordaba su nombre, se había fracturado una mano, por lo que se frustró la aventura americana.

El año de 1979 llegó el momento de la retirada después de 110 combates peleados entre España y media Europa sin haber escuchado la cuenta fatídica de los diez segundos y duras batallas libradas contra los mejores boxeadores del peso gallo, los ya citados y otros como, Robledo, Francisco Martínez, Bob Allotey (su gran amigo), el vasco Agustín Senín o Cabezas en su último combate.

Finalizado su periplo profesional, Pedro De la Torre Navarro volvió a su Melilla natal a trabajar en lo de siempre, la albañilería. Siguió ligado al deporte colaborando como utillero en los juveniles de la Peña del Real Madrid de fútbol, hasta prácticamente su fallecimiento. No dejó descendencia pues nunca se casó, el lobo solitario vivió como boxeó, solo ante el rival, solo ante la vida, su humildad fue su grandeza.

Foto: Pedro de la Torre, frente a Manuel Pardillo, al que venció por KO en el quinto asalto. El árbitro es Manolo Casas, que fue un gran árbitro internacional melillense.

De la Torre, un campeón sin corona

  • Quizás la falta de un buen “padrino” le impidió mayores éxitos, puesto que luchó por dos veces por el Campeonato de España

El boxeo en la actualidad es un deporte venido a menos, acusado de violento, en casi todos los países está mal visto y, por ende, poco ayudado y menos promocionado, hasta el punto de ser considerado, salvo excepciones, un deporte marginal. Es cierto que el boxeo siempre estuvo bajo sospecha, buena parte de culpa la tuvieron sus dirigentes, tampoco se libran sus gladiadores debido a que la mayor parte de ellos eran de escasa cultura y baja extracción social, lo que les hacía fácilmente víctimas de la manipulación y el engaño; gran parte de ellos ganaron mucho dinero que se quedó en manos de sus mentores o malgastaron o mal invirtieron cuando éste llegó a sus manos.

En alguna medida es el caso de nuestro protagonista. Pero por ponerles un caso más paradigmático, les contaré que el que suscribe llegó a conocer personalmente a quien en su momento era uno de los más grandes en Europa, José Manuel Ibar URTAIN, después de haber ganado cantidades ingentes de dinero boxeando, acabó de portero de discoteca (él decía que era relaciones públicas) en una ciudad castellana y años después terminó con su vida suicidándose.

¡Segundos fuera, primer asalto! Pedro De la Torre, nació en el año de 1943, en la calle Toledo del popular barrio del Polígono. En aquellos tiempos de posguerra civil y II Guerra Mundial la vida en el barrio era dura, los chavales jugaban con pocos medios y mucha imaginación, unos calcetines viejos rellenos de papel servían de guantes y una vieja cuadra abandonada servía de cuadrilátero. A Pedro casi siempre le ponían a pelear con chavales mayores que él, ya destacaba en el que sería su deporte. En la escuela era buen estudiante, ayudaba a su padre que era oficial de albañil, y cuando las cosas se ponían mal vendía hasta chumbos.

La primera vez que De la Torre pisó un gimnasio fue uno que existía en la calle López Moreno. Su primer entrenador se llamaba Rosa, era pescador, corría el año 59 y en cuanto aprendió las reglas básicas del noble arte de las 12 cuerdas subió al ring por primera vez para disputar un combate, ganó a los puntos. Este debut fue en el desaparecido campo de la Bandera de Marruecos. Después disputaría 110 combates como profesional y jamás perdió por KO.

Pedro continuó en Melilla. Entre combate y combate aficionado, llegó la hora de la “mili” que hizo en Automovilismo, alternaba servicio militar y entrenamientos, y las carreras de fondo de madrugada por los pinares de Rostrogordo con las tardes en el gimnasio de Correos. En 1963 debutó como profesional frente al almeriense Bisbal (sí, el padre del famoso cantante). Su madre le esperaba en casa con un filete de carne cruda que tenía un doble uso, primero servía para rebajar los moratones de los golpes recibidos y luego se comía para estar fuerte y bien alimentado como su ídolo, Ben Alí, otro boxeador melillense que ese mismo año se proclamaba campeón de Europa.

El año de 1979 llegó el momento de la retirada después de 110 combates peleados entre España y media Europa sin haber escuchado la cuenta fatídica de los diez segundos

Decidido a dar el salto al profesionalismo se marchó a Barcelona. Su primer manager fue Juan Clemente, charnego como él, y bajo su dirección se proclamó campeón de Cataluña. Pero como el boxeo con Clemente no daba para mucho, había que alternar los combates con la albañilería. Así entre pelea y pelea, “paseos” por el Barrio Chino cuando había “pelas” y trabajo en las obras del Metro de Barcelona cuando no, transcurría su vida por la Ciudad Condal.

Quizás la falta de un buen “padrino” le impidió mayores éxitos, puesto que luchó por dos veces por el Campeonato de España. La primera en Salamanca en el año 68, su rival Romerito, posteriormente Mariano García, en los dos combates hizo Match-nulo, así que la corona de campeón se quedó en la cabeza de sus rivales, que para eso eran los campeones, aunque él se quedó con los aplausos del público, aunque su honradez le impidiera decir que le habían robado, al menos muy claramente en la segunda ocasión.

De la Torre cuando era preguntado por su estilo, lo definía como “el de un animal”. Desde que sonaba el tañido de la campana, se iba hacia delante y a pelear hasta que volviera a sonar el gong. Aunque él tenía muy claro que sus rivales no eran sus enemigos, no había odio antes de un combate, sólo los nervios lógicos, a veces un cierto pique con tu adversario, pero una vez finalizado el combate, amigos.

Era un boxeador valiente y no dudó a la hora de dar el salto a Europa. Empezó peleando en Italia, primero contra Farinelli; Azori campeón de Europa;  Franco Zurlo, otro campeón de Europa, para terminar peleando por casi todas las ciudades del Viejo Continente. La bolsa más alta que cobró fueron 180.000 pesetas que le abonaron por enfrentarse a otro campeón de Europa más, el suizo Fritz Chevey con televisión de por medio. Como consecuencia de tantas batallas hubo de ser operado en Alemania de un oído; esto no le impidió intentar dar el salto a América, con los billetes de avión en el bolso dispuesto a emprender el viaje, se suspendió el combate porque su rival, un campeón del mundo mexicano del que no recordaba su nombre, se había fracturado una mano, por lo que se frustró la aventura americana.

El año de 1979 llegó el momento de la retirada después de 110 combates peleados entre España y media Europa sin haber escuchado la cuenta fatídica de los diez segundos y duras batallas libradas contra los mejores boxeadores del peso gallo, los ya citados y otros como, Robledo, Francisco Martínez, Bob Allotey (su gran amigo), el vasco Agustín Senín o Cabezas en su último combate.

Finalizado su periplo profesional, Pedro De la Torre Navarro volvió a su Melilla natal a trabajar en lo de siempre, la albañilería. Siguió ligado al deporte colaborando como utillero en los juveniles de la Peña del Real Madrid de fútbol, hasta prácticamente su fallecimiento. No dejó descendencia pues nunca se casó, el lobo solitario vivió como boxeó, solo ante el rival, solo ante la vida, su humildad fue su grandeza.

Foto: Pedro de la Torre, frente a Manuel Pardillo, al que venció por KO en el quinto asalto. El árbitro es Manolo Casas, que fue un gran árbitro internacional melillense.