Entrena a tu mente Enrique Roldán

Violencia en el fútbol

08-12-2014

  • Los clubes tienen que vigilar a quién ponen al frente de los equipos, y asegurarse de que, al menos, reciben algo de formación que les capacite para educar a los chicos

Durante las últimas semanas se han producido diversos hechos que han llevado al mundo del fútbol a reflexionar acerca de la violencia que se puede contemplar en los estadios. Sin lugar a dudas, el hecho más lamentable fue la guerra que se vivió en los prolegómenos del partido de 1ª División entre Atlético de Madrid y Deportivo de la Coruña, que finalizó trágicamente con el fallecimiento de un ultra del Depor.

Estas reflexiones no se producen por primera vez. Desde que tengo memoria se producen casos de violencia gratuita en el mundo del deporte, en especial, en los campos de fútbol. Y pocas veces han llegado más allá de un catálogo de buenas intenciones, del cambio de nombre de un grupo ultra por el de grada de animación y muchos kilómetros de tinta en los diarios deportivos.

Pero si la violencia ejercida por los aficionados de cualquier equipo es deleznable, más lo es aun cuando esa violencia física o verbal se produce por los propios participantes de las competiciones deportivas, y más todavía si donde se produce es en los campos donde juegan los más pequeños.

En varias ocasiones hemos reflexionado acerca de la violencia que pueden ejercer algunos padres en el transcurso de los encuentros de sus hijos. Con insultos, amenazas e incluso agresiones físicas a los miembros del otro equipo o a los árbitros. Pero esta semana nos hemos enterado de la suspensión por 16 partidos a un delegado de un equipo de la ciudad de la categoría de prebenjamines(los más pequeños) que amenazó e insultó gravemente al árbitro del encuentro, que tan sólo tiene 16 años.

¿Es esto normal?, ¿debe permitirse que transcurridos esos partidos de sanción esta persona vuelva a estar presente en un banquillo? A mi modesto entender creo que no, y es obligación del club al que pertenece sancionar a este delegado, más allá de la sanción que le pueda imponer competición.

Los árbitros siempre han tenido todos mis respetos, fundamentalmente porque admiro a quien hace algo que yo sería incapaz de hacer. Cometen errores, claro, como todos. Y cuando están en periodo de formación, fallan, al igual que lo hacen los deportistas o los entrenadores, y hay que ser pacientes durante su aprendizaje y favorecerlo. Un entrenador de fútbol base que ayuda a un árbitro, le ayuda a crecer en el arbitraje.

Y los clubes tienen que vigilar a quién ponen al frente de los equipos, y asegurarse de que, al menos, reciben algo de formación que les capacite para educar a los chicos. ¿Cuántos delegados realizan funciones de entrenador y no pueden serlo porque no se han molestado en adquirir el título correspondiente? Es una trampa más habitual de lo que pensamos, y los perjudicados, como casi siempre, son los chicos.

El deporte es fundamental para adquirir valores, pero ¿qué enseñamos los adultos a los chicos con estos comportamientos? Piénsenlo.