Mitos y leyendas Augusto Hoyo

Yayos y mancuernas

12-01-2014

En el mundo del deporte  se rompen constantemente barreras que antes parecían insalvables. Recientemente leí un artículo acerca de la primera mujer que se atrevió a correr una maratón. Fue por el año 1967 en Boston y a Katherine Switzer la tacharon como poco de temeraria, incluso algunos energúmenos quisieron poner en riesgo su integridad física y sumaron a la dureza de la prueba un acoso constante a lo largo de los más de 42 kilómetros que no hizo más que agrandar su leyenda. Pues bien, resulta que gracias a la “temeridad” de esta mujer actualmente el número de mujeres que participa en maratones en EEUU está casi equiparado al de los hombres, y las previsiones son que a lo largo de esta década el número de féminas que dispute la prueba supere al del género opuesto.

"...adaptando nuestra rutina podemos seguir practicando ejercicios de fuerza hasta bien entrada la vejez..."

Dentro de la actividad física, y como bien ilustra el caso del maratón femenino, las barreras referentes al género se han ido rompiendo poco a poco, si bien en cuanto hablamos de deporte por rangos de edad parece que son muchas las trabas que aún existen.

Es cierto que la actividad física para mayores ha ido adquiriendo cierto auge entrado el siglo XXI, pero pese a la divulgación que se trata de dar y las numerosas publicaciones que aparecen, parece que la tendencia social es que alcanzada una cierta edad nuestra dosis diaria de ejercicio se limita a actividades de bajo impacto, algo que se antoja como poco efectivo en estos tiempos en los que alcanzamos la madurez con una calidad de vida excepcional, nada que ver con el de generaciones anteriores.

El hecho es que parece que alcanzada una cierta edad el adentrarse en una sala de spinning, un gimnasio, una piscina o una pista de atletismo es un acto cuanto menos “temerario”. Es de suponer que el miedo a lesionarse o las secuelas de lesiones pasadas, el bajo estado de forma o bien la falta de experiencia dentro de la actividad físico deportiva puede llevar a un grueso de nuestra población a decantarse por el sedentarismo o bien, tal y como indicamos con anterioridad, a concentrar esta demanda de ejercicio físico en un simple acto como es andar. Es cierto que la tendencia probablemente cambiará con el paso de los años puesto que en las generaciones venideras la educación deportiva ha calado en mayor medida, pero en la actualidad la actividad física para mayores debe abarcar un mayor abanico de posibilidades, de tal forma que pueda incluir al mayor número de usuarios posibles al dar mayor riqueza a la misma.

Sin duda el entrenamiento que causa más reparo es el de fuerza. Parece que un señor de unos 60 años ya puede prescindir de ejercitar sus músculos, puede considerar esta actividad como algo secundario, pero ahí reside principalmente el error. La fuerza, junto con la resistencia, es la cualidad física que más lentamente involuciona con el  paso de los años, siempre que sigamos una programación que se adapte a nuestras necesidades, y es por ello que adaptando nuestra rutina podemos seguir practicando ejercicios de fuerza hasta bien entrada la vejez, algo que tendrá consecuencias muy positivas para nuestro organismo.

Si bien si optamos por limitar nuestra actividad semanal a caminar por el paseo marítimo tres veces por semana, puede que el estímulo no sea lo suficientemente alto como para que provoque un efecto beneficioso para nuestro sistema cardiovascular y poco a poco nuestro aparato locomotor sufrirá lo que denominamos como  sarcopenia, pérdida de células musculares (masa muscular grosso modo), lo que no tiene como única consecuencia la atrofia muscular, si no que va a provocar un descenso de nuestro consumo energético diario al descender nuestro porcentaje de masa muscular (las células musculares tienen mayor demanda energética que las células grasas), disminuyendo nuestro metabolismo basal, lo cual provocará que aumente el porcentaje graso. Vamos, la pescadilla que se muerde la cola.

Existe un gran abanico de posibilidades dentro de la actividad física que debemos aprovechar, puesto que cada individuo debe de buscar lo que realmente le satisface y beneficia de tal forma que si nuestras posibilidades se limitan a dar largos paseos, la motivación puede ser escasa y el riesgo de abandono es muy alto. Es por ello que siempre con un buen asesoramiento no debemos de tener tapujo alguno y romper las barreras que muchas veces nosotros mismo nos imponemos para lanzarnos de lleno a un estilo de vida activo que abarque desde unos circuitos de autocargas en el gimnasio o en casa,  a nadar más de mil metros combinando diferentes estilos y por qué no, evolucionar dentro de los objetivos individuales que podamos anteponernos para pasar de esa pequeño paseo matutino a una pequeña carrera a ritmo suave e incluso acabar combinando varias disciplinas y plantearnos disputar un triatlón.

Hasta el momento es la velocidad la única capacidad física básica que los expertos parecen no querer recomendar para personas mayores, si bien si consultan los resultados de campeonatos veteranos de atletismo son cada vez más numerosos los que deciden romper de nuevo barreras y realizar la actividad que a ellos realmente les gusta, y cada vez hay más atletas máster que se apuntan a las listas de salidas de pruebas tan explosivas como los cien y doscientos metros lisos.

Lo que es cierto es que para una persona motivada y bien preparada las barreras no son ningún obstáculo para seguir progresando.