Mitos y leyendas Augusto Hoyo

Todo por una tableta

12-09-2013

Con la llegada del otoño son numerosos los sedentarios veraniegos que, tras una larga temporada de excesos, deciden acudir a diferentes centro deportivos con un objetivo claro, la pérdida de peso.

Si bien el pliegue graso se distribuye a lo largo y ancho de toda nuestra figura, hay una zona en la que se concentran la mayor parte de los lamentos

Nuestro organismo tiende a acumular aquellos excedentes de nutrientes en forma de adipocitos, es decir, grasa que se acumula justamente bajo la piel y que cumple con la finalidad de almacenar energía para situaciones de escasez. Si esta situación no se da y seguimos aumentando el reservorio el resultado es claro, una lorza veraniega que rodea nuestro cuerpo y que, según nuestro somato tipo, se irá acumulando más en unas zonas que en otras.

Si bien el pliegue graso se distribuye a lo largo y ancho de toda nuestra figura, hay una zona en la que se concentran la mayor parte de los lamentos. Hablamos del pliegue abdominal, la grasa acumulada alrededor de nuestra cintura y, ya sea por estética, salud (un aumento del índice cintura/cadera está relacionado con enfermedades cardiovasculares) o ambos motivos, la mayor parte de nuestros esfuerzos se concentran para reducir el mismo.

Alrededor de esta zona en concreto se generan una gran cantidad de mitos que es necesario que abordemos, puesto que a día de hoy y con la gran difusión que tiene la actividad física saludable parece que la buena praxis no termina de imponerse y son numerosos los errores que se cometen incluso por los profesionales de este gremio.

Si hablamos de grasa abdominal nos estamos refiriendo a los adipocitos que se acumulan en esta zona, masa grasa no es lo mismo que masa muscular por lo que difícilmente podemos perder esa fina o gruesa capa de grasa fortaleciendo la musculatura que tenemos justo detrás de la misma. Esto no quiere decir que no sea necesario su fortalecimiento, los abdominales junto con toda la musculatura que se concentra alrededor de la pelvis son fundamentales para una correcta higiene postural, pero el hecho de hacer 500 abdominales diarios difícilmente nos va a reducir la grasa superficial acumulada si no lo completamos con un trabajo aeróbico y una dieta saludable.

Ahí queremos llegar, las pérdidas de grasa no son locales, es decir, debemos emprender un ejercicio aeróbico prolongado de baja intensidad para llevar a cabo una pérdida generalizada de toda la grasa corporal acumulada y, por determinación genética, será en determinadas zonas donde, igual que hemos acumulado nuestro reservorio, perdamos con mayor celeridad que en otras.

Un claro ejemplo relacionado con el tema que estamos tratando sería un lanzador de peso. Estos grandes colosos engañan a vista de ojo ajeno puesto que bajo esa pronunciada “bartola” se asienta una musculatura abdominal impresionante necesaria para el desarrollo de su especialidad, si bien la masa grasa que acumulan por las dietas hipercalóricas que ingieren como complemento a su entrenamiento hacen que a su vez el pliegue abdominal impida apreciar la musculatura que queda debajo.

Ojo, no debemos confundir el vientre de un lanzador, un pilier de rugby e incluso el de un luchador de sumo con el vientre de una persona sedentaria. Los primeros cuentan con una fuerte pared abdominal trabajada a diario, los segundos, pese a que puede que al tacto la zona parezca más dura es debido a que la grasa que acumulan no es superficial, sino intraabdominal, menudo chollo podríais pensar, pero no, puesto que como indicaba al principio del artículo, esta grasa visceral tiene directa relación con accidentes cardiovasculares y, por tanto, es menos sana y mucho más difícil de perder.

El caso de los lanzadores sería un caso extremo pero sirve para ilustrar de qué forma podríamos acercarnos a ese ideal que definen los anuncios como “vientre plano”. La combinación dieta más ejercicio es la más efectiva y, si bien no es pura matemática, viene avalada por la teoría del balance energético, algo tan sencillo como que si disminuyes tu aporte calórico (los nutrientes que ingieres) y aumentas el gasto (la actividad física que realizas) el organismo puede llegar a tirar de ese reservorio energético en forma de adipocitos y, con algo de suerte,  sustituir esa longaniza Campofrío por una  buena tableta Nestlé.